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Guillermo no tenía novia porque era un vago insolente, de esos que siempre topan mi lista de individuos ejemplares de comportamiento a venerar. Pensaba él que tendría que compartir su cama con la pareja elegida, lo cual era como argumentar que tendría, también, que lavar aquello que algunas viejas llamaban "ropa de cama" semanalmente. Mas eso no le incordiaba tanto; no, lo que realmente le quemaba por dentro y por fuera (era un superhéroe de Marvel) era el tiempo que se perdía, después del previo lavado y secado, incorporando a puñetazos mal dados el jodido edredón dentro de su funda correspondiente. Por supuesto que lo había calculado ya con el cronómetro de su Casio A168WA-1YES. Concretamente, se tardaba 3 minutos y 43 segundos, si se trataba de un edredón de talla simple, y 6 minutos y 21 segundos, si de la doble. Coño, con la de cosas que él podría hacer durante ese espacio de tiempo. ¿Se dirá periodo de tiempo? ¿Periodo o período? Sí, con la de tareas fundamentales que él podría completar en seis minutos. Cosas esenciales en su reposada existencia como, por ejemplo, fumarse un Bisonte sin filtro en la terracita de su estudio mientras él escuchaba una de Lee Scratch Perry y sacaba el cogote por la barandilla para escrutinizar los movimientos y gestos de su vecino en el jardín comunitario de abajo. ¡Otro experto más en rosas y camelias! Las camas antiguas, se juraba Guillermo mientros le daba la última calada al pitillo, eran mucho mejores. Ni edredón vikingo ni hostias. Además, las hacían las mujeres de la casa. La suegra, la criada (aunque posiblemente no esté de acuerdo con su extinción, esa palabrota patriarcal ya no la usa), la tía solterona, o la hija mayor, la que iba para monja... Su madre acabó la carrera de Económicas embarazada de su sexto hijo. Lo primero que hizo tras la graduación fue comprarle a cada uno de sus vástagos un saco de dormir. “Hala, lo ponéis encima de la manta y ya nadie tiene que hacer la cama.” Pues fíjense que esa manera tan exquisita de solventar problemas también la había adoptado él. De ahí, como decíamos al principio, que él no tuviera novia, o no hubiese tenido ninguna desde que Felipón se hiciera Consejero Delegado de Efesa al dejar la Presidencia; de ahí, que siga durmiendo en saco de dormir; y de ahí y de acá, que yo le quiera tanto. ¡Pásame un Bisontes, mentecato mío!(WILLIAM ONYEABOR, BODY AND SOUL)
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Nunca habrá un tema que sobresalga más que el del concepto de la personalidad individual. Quién soy yo realmente que a ti te jode que yo lo sea y a mí que yo nunca haya podido aprender a serlo. (TALK TALK, LIVING IN ANOTHER WORLD)
Apenas nos hablábamos. Aparecía por casa a las 7 de la tarde, se calentaba la cena en el microondas que yo le había regalado a regañadientes y a su habitación que se largaba hasta el día siguiente. Lo triste es que a ninguno de los dos nos merecía ya la pena intentar solucionar nuestra falta de comunicación total. “Perdona que te moleste, pero ¿podemos hablar?” Ella no hablaba mi idioma. Mejor dicho, no lo entendía. Y a mí no me apetecía enseñárselo ni aprender uno nuevo, aunque en la academia de idiomas de la esquina ofrecieran un descuento considerable a las parejas de reconciliación utópica. “Descuento, hasta el 31de diciembre, de un 75% a matrimonios y parejas hipotéticamente irreconciliables. Tfno. 0044 7340072093.” Sobra contar que yo era un vago profesional, con ficha en Hacienda y pisito en el averno. Era tan vago que no me apetecía acabar esto que ahora os cuento. Era tan vago que nunca terminaba ninguna fras...
(CHRISTIAN DEATH, WORKSHIP YER NEAR QUIETUS) |